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URUGUAY · AMÉRICA · MUNDO

Tres noticias, una misma cuestión: cuánto margen de elección conservamos cuando el poder económico, político o tecnológico concentra las alternativas.

Uruguay observa cómo el acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea supera una nueva barrera judicial y abre oportunidades para reducir dependencias comerciales. Brasil llega a las elecciones del 4 de octubre con Lula y Flávio Bolsonaro prácticamente empatados en un eventual balotaje. Y Europa enfrenta a Google en una disputa que puede definir quién controla el acceso a la información y a los asistentes de inteligencia artificial.

🇺🇾 URUGUAY

URUGUAY ENTRE LOS BLOQUES

El valor geopolítico de no depender de nadie

El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur superó hoy un nuevo obstáculo.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea rechazó el pedido de Polonia de suspender su aplicación mientras continúa el proceso judicial iniciado por Varsovia, que sostiene que el pacto perjudicará a sus productores agrícolas.

Para Uruguay, la noticia excede largamente una discusión sobre aranceles.

En un mundo que vuelve a organizarse alrededor de grandes centros de poder, diversificar relaciones económicas es también diversificar dependencias políticas.

Estados Unidos y China compiten por tecnología, mercados, minerales, cadenas de suministro e influencia. Europa busca construir autonomía estratégica. Las potencias protegen sectores considerados sensibles y la vieja globalización, basada en la expectativa de una apertura comercial creciente, está siendo reemplazada por una economía mucho más atravesada por consideraciones geopolíticas.

Para un país pequeño como Uruguay, depender excesivamente de cualquier mercado aumenta la vulnerabilidad.

La apertura hacia Europa ofrece una alternativa.

Pero LIBERTAS tampoco debería transformar el libre comercio en un dogma. Las preocupaciones de productores europeos por las diferencias regulatorias, ambientales y productivas merecen respuestas. Los acuerdos internacionales funcionan cuando sus beneficios pueden sostenerse políticamente en las sociedades que los integran.

La cuestión para Uruguay es estratégica: ampliar mercados sin sustituir una dependencia por otra.

La autonomía de un país pequeño no consiste en aislarse de las grandes potencias. Consiste en tener suficientes alternativas para poder decidir.

🌎 AMÉRICA

BRASIL VOTA AL LÍMITE

La democracia se prueba cuando perder es una posibilidad real

Brasil entra en la última semana antes de las elecciones presidenciales del 4 de octubre con un escenario extraordinariamente competitivo.

Las encuestas publicadas en las últimas horas muestran diferencias entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro en primera vuelta, pero coinciden en algo mucho más importante: un eventual balotaje permanece técnicamente empatado.

AtlasIntel/Bloomberg registró 47,7% para Bolsonaro y 47,6% para Lula en una segunda vuelta simulada. Otros estudios publicados esta semana también sitúan a ambos dentro del margen de error.

Brasil está prácticamente dividido por mitades.

Pero precisamente por eso esta elección importa más allá de quién resulte vencedor.

La verdadera prueba democrática comenzará cuando se conozca el resultado.

¿Aceptará el derrotado la decisión de los ciudadanos?

¿Funcionarán las instituciones electorales con suficiente independencia?

¿Podrán los tribunales actuar sin convertirse en actores políticos?

¿Las plataformas digitales ampliarán el debate o profundizarán las cámaras de resonancia?

¿Podrá aproximadamente la mitad del país aceptar ser gobernada por el candidato elegido por la otra mitad?

Una democracia no demuestra su fortaleza cuando todos están de acuerdo.

La demuestra cuando ciudadanos profundamente enfrentados aceptan que existe algo situado por encima de sus preferencias políticas: las reglas compartidas.

LIBERTAS no necesita elegir entre Lula y Bolsonaro para defender un principio.

Quien gane deberá gobernar dentro de la Constitución.

Quien pierda deberá continuar teniendo derecho a expresarse, organizarse, controlar y competir nuevamente.

Y las instituciones deberán aplicar las mismas reglas a ambos.

Porque el momento más delicado de una democracia no siempre ocurre cuando contamos los votos.

Ocurre cuando alguien descubre que perdió.

La alternancia sólo existe cuando entregar el poder sigue siendo una posibilidad real.

🌍 MUNDO

¿QUIÉN ES DUEÑO DE NUESTRAS PREGUNTAS?

Google, Europa y la nueva batalla por la libertad cognitiva

Google decidió llevar ante la Justicia europea dos decisiones adoptadas bajo la Digital Markets Act.

La Comisión Europea pretende que Android permita a asistentes de inteligencia artificial competidores acceder en condiciones más equivalentes a funciones actualmente disponibles para Gemini. También exige que Google comparta determinados datos anonimizados de búsquedas con competidores, incluidos servicios de IA con funciones de búsqueda.

Europa argumenta que busca aumentar la competencia.

Google responde que determinadas obligaciones pueden comprometer la privacidad y seguridad de los usuarios.

Ambas preocupaciones merecen ser tomadas en serio.

Pero debajo de esta batalla regulatoria aparece una discusión mucho mayor.

Durante años nos preguntamos:

¿quién es dueño de nuestros datos?

La inteligencia artificial obliga a formular una pregunta nueva:

¿quién controla la puerta por la que accedemos al conocimiento?

Un buscador ya no es solamente una herramienta para encontrar páginas.

Un asistente de IA puede seleccionar información, sintetizarla, jerarquizar fuentes, responder preguntas y progresivamente realizar acciones en nombre del usuario.

Eso significa que quien controla esa infraestructura adquiere una posición extraordinariamente poderosa entre la persona y la realidad que intenta comprender.

El problema deja entonces de ser exclusivamente económico.

Se vuelve democrático.

Una sociedad libre necesita pluralidad de medios de comunicación, ideas y organizaciones políticas. En el mundo digital necesitará también pluralismo algorítmico.

Ninguna empresa debería poseer un poder desproporcionado sobre las puertas de acceso al conocimiento.

Pero tampoco debería utilizarse la competencia como argumento para debilitar la privacidad de millones de personas.

Ésa es la tensión que Europa deberá resolver.

La libertad cognitiva exige algo más exigente que elegir entre Google y Bruselas.

Exige que cada ciudadano pueda comprender qué sistema utiliza, qué datos entrega, quién accede a ellos y bajo qué criterios una inteligencia artificial selecciona la información que recibe.

Porque el poder digital más sofisticado quizá no sea aquel que nos impida hablar.

Puede ser aquel que, silenciosamente, determine qué llegamos a conocer antes de empezar a hablar.

TRES MIRADAS. UNA MISMA PREGUNTA.

Uruguay busca ampliar las alternativas con las que puede relacionarse con el mundo.

Brasil deberá demostrar que sus ciudadanos pueden elegir entre alternativas políticas profundamente enfrentadas sin romper las reglas comunes.

Europa discute si el ciudadano tendrá alternativas reales frente a las plataformas que comienzan a mediar su acceso al conocimiento.

Comercio, elecciones e inteligencia artificial parecen asuntos diferentes.

Pero los tres terminan hablando de libertad.

Porque ser libre requiere poder elegir.

Y para elegir verdaderamente deben existir alternativas reales.

LIBERTAS

“La libertad empieza cuando podemos elegir sin que un poder económico, político o tecnológico haya reducido previamente nuestras alternativas.”

LIBERTAS por la Libertad, la Democracia y la República.

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