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La cumbre de Nueva Delhi confirma que el poder mundial está cambiando. Para LIBERTAS, la pregunta no es si ese cambio puede detenerse, sino qué principios acompañarán al nuevo equilibrio. Un mundo multipolar puede distribuir mejor el poder entre los Estados. Eso no garantiza que distribuya mejor la libertad entre las personas.

Los BRICS ya no pueden ser tratados como una reunión periférica de economías emergentes. La XVIII Cumbre, celebrada en Nueva Delhi el 12 y 13 de septiembre, mostró una organización mucho más extensa que aquella formada originalmente por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

India llegó a la reunión señalando que los once miembros representan cerca del 49,5 % de la población mundial, el 40 % del PIB global medido por paridad de poder adquisitivo y el 26 % del comercio internacional. Son cifras que explican por qué cada declaración del grupo merece ser leída con atención.

Y esta vez hubo declaración.

El documento de Nueva Delhi tiene 140 puntos y comienza con palabras difíciles de objetar: respeto mutuo, igualdad soberana, solidaridad, democracia, apertura, inclusión, cooperación y consenso. Más adelante reclama un sistema internacional más representativo, legítimo, democrático y responsable, y menciona expresamente los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Desde la perspectiva de LIBERTAS, precisamente allí comienza el análisis.

EL RECLAMO LEGÍTIMO DE UN MUNDO MÁS REPRESENTATIVO

Existe un argumento de los BRICS que merece ser atendido.

Las instituciones internacionales nacidas o consolidadas después de la Segunda Guerra Mundial no reflejan plenamente la distribución actual de población, producción, comercio y poder político. África, América Latina y buena parte de Asia reclaman desde hace décadas una participación mayor en organismos como Naciones Unidas, el FMI y el Banco Mundial.

La Declaración de Nueva Delhi vuelve sobre ese punto. Reclama mayor representación de los países emergentes y en desarrollo en los procesos internacionales de decisión, plantea reformas en la gobernanza del FMI y del Banco Mundial y defiende una transformación del sistema multilateral.

LIBERTAS puede reconocer la legitimidad de esa discusión.

Defender la República no significa defender una determinada distribución histórica del poder internacional. Tampoco la libertad pertenece a Occidente ni la democracia puede convertirse en una excusa para conservar privilegios geopolíticos.

Pero existe una diferencia que no deberíamos perder de vista: democratizar las relaciones entre los Estados no equivale necesariamente a democratizar el poder dentro de los Estados.

Ese es uno de los problemas centrales que deja Nueva Delhi.

LA CONTRADICCIÓN BRICS

La declaración utiliza expresamente la palabra democracia. Habla también de derechos humanos y libertades fundamentales.

Pero BRICS reúne democracias electorales, regímenes autoritarios y sistemas políticos con grados muy diferentes de pluralismo, libertad de prensa, independencia judicial, competencia política y protección de las libertades individuales.

No es un detalle.

Un orden internacional puede ser multipolar y continuar siendo profundamente autoritario.

Puede distribuir el poder entre Washington, Beijing, Moscú, Nueva Delhi y otras capitales sin aumentar un solo centímetro la libertad efectiva de un ciudadano.

Desde LIBERTAS deberíamos separar, por tanto, dos discusiones que suelen confundirse.

Una cosa es cuestionar la concentración internacional del poder.

Otra es aceptar que cualquier alternativa a esa concentración constituye automáticamente un avance para la libertad.

No necesariamente.

SOBERANÍA: ¿LÍMITE AL PODER EXTERIOR O ESCUDO DEL PODER INTERNO?

La soberanía ocupa un lugar destacado en el documento.

Los BRICS defienden la igualdad soberana de los Estados, la no intervención y la resolución de controversias mediante el diálogo, la consulta y la diplomacia. Frente a la escalada en Medio Oriente, consiguieron incluso una declaración conjunta reclamando máxima contención, algo políticamente relevante considerando las diferencias existentes dentro del propio bloque.

Hay allí un principio que LIBERTAS puede compartir: las relaciones internacionales necesitan reglas y los Estados poderosos no deberían quedar exceptuados de ellas.

Pero la soberanía plantea una tensión histórica.

Puede proteger a una nación frente a la arbitrariedad de otra. También puede utilizarse para impedir cualquier cuestionamiento externo sobre lo que un gobierno hace con sus propios ciudadanos.

Para una concepción republicana de la política, la soberanía estatal nunca debería significar soberanía ilimitada del gobernante.

El Estado también tiene límites.

Y esos límites son los derechos de las personas.

UNA DECLARACIÓN QUE HABLA DE PAZ EN UN MUNDO EN GUERRA

Nueva Delhi estuvo atravesada inevitablemente por los conflictos actuales.

La declaración pide resolver las controversias internacionales mediante mecanismos políticos y diplomáticos, expresa preocupación por el aumento del gasto militar y por el riesgo nuclear y reclama protección para civiles y trabajadores humanitarios. También condena expresamente el terrorismo y sostiene que quienes participen o apoyen actividades terroristas deben responder ante la Justicia conforme al derecho nacional e internacional.

El acuerdo alcanzado respecto de Medio Oriente tiene valor diplomático porque dentro de BRICS conviven países con posiciones e intereses muy diferentes. Irán y Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, pudieron acompañar una fórmula común de desescalada.

Pero la declaración exhibe también los límites del consenso.

Cuando un grupo tan heterogéneo necesita mantener unidos a sus miembros, la precisión política puede convertirse en ambigüedad diplomática. El texto evita identificar directamente a varios responsables de los conflictos que describe y tampoco formula una referencia explícita a la guerra entre Rusia y Ucrania.

Para LIBERTAS existe aquí un criterio sencillo: el derecho internacional debe valer también cuando resulta incómodo aplicarlo a nuestros aliados.

Sin esa regla, el multilateralismo corre el riesgo de convertirse en una competencia entre dobles estándares.

LA OTRA BATALLA: COMERCIO, MONEDA Y PODER

La reunión mostró además que BRICS está intentando construir instrumentos propios.

La declaración cuestiona medidas arancelarias unilaterales y sanciones que considera incompatibles con el derecho internacional. Defiende un sistema comercial abierto, previsible y basado en reglas y propone aumentar la utilización de monedas nacionales en las operaciones entre sus integrantes. También continúa estudiando mecanismos que permitan conectar los sistemas nacionales de pagos.

No aparece, sin embargo, aquella supuesta «moneda BRICS» anunciada tantas veces como sustituta inmediata del dólar.

El movimiento real es menos espectacular y probablemente más importante: construir progresivamente canales financieros que reduzcan la dependencia de infraestructuras controladas desde fuera del bloque.

Eso introduce otra discusión para LIBERTAS.

La competencia puede limitar concentraciones de poder. También puede crear otras nuevas.

La pregunta republicana vuelve entonces a ser la misma: ¿quién controla al que adquiere poder?

INTELIGENCIA ARTIFICIAL: EL PUNTO QUE DEBEMOS MIRAR CON ESPECIAL ATENCIÓN

Nueva Delhi incorpora además una cuestión que probablemente tendrá consecuencias mucho más profundas que algunas de las disputas diplomáticas de la cumbre.

La inteligencia artificial.

Los BRICS consideran que la IA puede impulsar el crecimiento económico y el desarrollo. Reclaman mayor acceso a sus recursos y hablan de sistemas seguros, inclusivos y confiables. La declaración también menciona propiedad intelectual, remuneración de titulares de derechos y el riesgo de que culturas insuficientemente representadas sean distorsionadas por los modelos y conjuntos de datos.

China fue todavía más lejos durante la cumbre y propuso ampliar la cooperación del bloque en inteligencia artificial, incluida una zona BRICS de código abierto para IA.

Aquí aparece un territorio que LIBERTAS debería seguir de cerca.

Porque la discusión tecnológica ya no consiste solamente en determinar quién fabrica los mejores modelos.

Consiste en saber qué relación existirá entre inteligencia artificial, ciudadano y poder político.

Una IA puede ampliar extraordinariamente el acceso al conocimiento. También puede convertirse en infraestructura de vigilancia, clasificación y control.

Puede ayudar al ciudadano a pensar.

Puede aprender a pensar por él.

Y puede terminar decidiendo qué información llegará hasta él.

La libertad del siglo XXI necesitará entonces algo más que libertad territorial o económica. Necesitará libertad cognitiva.

MULTIPOLARIDAD NO ES SINÓNIMO DE LIBERTAD

La Cumbre de Nueva Delhi deja una imagen bastante clara del mundo que viene.

Estados Unidos continuará siendo una potencia central. Europa conservará un enorme peso económico y normativo. Pero ya no podrán pensarse las relaciones internacionales sin China, India y el conjunto creciente de países que buscan mayor autonomía frente al orden construido durante las últimas ocho décadas.

Negarlo sería desconocer la realidad.

Celebrarlo automáticamente sería otro error.

LIBERTAS no debería elegir entre un mundo dominado por una potencia occidental y otro organizado alrededor de potencias no occidentales.

Esa no es nuestra discusión.

Nuestra referencia debe continuar siendo otra: Libertad, Democracia y República.

Por eso podemos coincidir con los BRICS cuando reclaman instituciones internacionales más representativas. Podemos defender el diálogo frente a la guerra, cuestionar medidas económicas arbitrarias y aceptar que el Sur Global merece una voz proporcional a su peso real.

Y al mismo tiempo debemos preguntar qué ocurre con el ciudadano dentro de ese nuevo orden.

¿Puede elegir a quienes gobiernan?

¿Puede criticarlos?

¿Puede acceder libremente a información?

¿Existe una Justicia capaz de limitar al poder?

¿Puede pensar, crear, investigar y expresarse sin que el Estado determine previamente los límites de lo permitido?

La Declaración de Nueva Delhi habla de un sistema internacional más democrático.

Es una aspiración atendible.

Pero para LIBERTAS queda una exigencia adicional:

no alcanza con democratizar el poder entre los Estados si olvidamos democratizar y limitar el poder dentro de ellos.

El mundo multipolar ya está naciendo.

La discusión que comienza ahora es bastante más difícil:

si ese nuevo mundo será también un mundo de ciudadanos libres.

LIBERTAS, por la Libertad, la Democracia y la República.

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