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🇺🇾 URUGUAY

URUGUAY QUIERE SER HUB FARMACÉUTICO: CUANDO SER PEQUEÑO OBLIGA A PENSAR EN GRANDE

Uruguay vuelve a enfrentarse a una pregunta que acompaña buena parte de su historia económica: ¿qué lugar puede ocupar un país de poco más de tres millones de habitantes en una economía mundial organizada alrededor de grandes mercados, enormes escalas productivas y una competencia tecnológica cada vez más intensa?

Este 12 de setiembre, el Gobierno planteó públicamente su intención de fortalecer la posición de Uruguay como hub regional del sector farmacéutico, mediante la articulación entre organismos públicos y empresas privadas. El anuncio se realizó durante la séptima edición de Uruguay Best Practices in Pharma Supply Chain 2026.

La noticia puede parecer sectorial. No lo es.

Durante demasiado tiempo, los países pequeños han pensado su desarrollo desde sus limitaciones: tamaño del mercado, población, distancia respecto de los grandes centros económicos. Pero la economía del conocimiento modifica parte de esa ecuación. En sectores donde pesan la calidad institucional, la formación, la investigación, la logística y la confianza, el tamaño deja de ser la única medida posible.

Uruguay tiene allí una oportunidad, pero también una exigencia.

Convertirse en un centro regional farmacéutico no consiste en declararlo. Requiere reglas previsibles, inversión, formación científica y tecnológica, capacidad logística y continuidad de las políticas más allá de los períodos de gobierno.

Desde LIBERTAS hay otro aspecto que interesa especialmente. Una economía abierta necesita empresas capaces de asumir riesgos, pero también instituciones que generen condiciones para que esos riesgos tengan sentido. El Estado no debería sustituir la iniciativa privada; tampoco puede limitarse a observar desde afuera.

La libertad económica necesita un terreno donde pueda ejercerse.

Para Uruguay, la discusión relevante no debería ser cuánto puede protegerse del mundo, sino qué puede ofrecerle al mundo que otros países no puedan ofrecer con la misma calidad y confianza.

Quizá allí exista una respuesta posible a una vieja limitación uruguaya.

Somos pequeños.

Eso no determina hasta dónde podemos llegar.

🌎 AMÉRICA

CUANDO LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL ENTRA AL CUARTO OSCURO

Las campañas electorales latinoamericanas siempre intentaron conocer al votante.

Las encuestas preguntaban qué pensaba. Los partidos recorrían barrios. Los candidatos ensayaban discursos diferentes según el público que tenían enfrente.

La inteligencia artificial introduce algo distinto: permite procesar enormes cantidades de información, producir contenidos a gran velocidad, segmentar audiencias y adaptar mensajes con una precisión que hace pocos años era imposible.

Y eso obliga a formular una pregunta incómoda:

¿seguimos hablando de persuasión política o estamos entrando en una época de persuasión algorítmica?

La cuestión ya está sobre la mesa. Un análisis publicado esta semana examina cómo la IA está modificando procesos electorales latinoamericanos, desde Colombia hasta Brasil, y señala riesgos relacionados con desinformación y discriminación algorítmica. International IDEA también viene siguiendo la incorporación gradual de estas tecnologías por los organismos electorales de la región.

No hace falta imaginar una inteligencia artificial decidiendo una elección para comprender el problema.

Basta con pensar en algo mucho más sencillo.

Dos ciudadanos pueden abrir sus teléfonos durante la misma campaña y encontrarse con representaciones completamente diferentes del mismo país. Cada uno recibe mensajes seleccionados según intereses, comportamiento digital y perfiles construidos a partir de datos.

Ambos creen estar observando la realidad.

En realidad, están viendo una selección de ella.

Ahí aparece una cuestión central para LIBERTAS: la libertad cognitiva.

La democracia protege el derecho a votar. Protege la libertad de expresión y la competencia entre opciones políticas. Pero la sociedad digital agrega una instancia anterior: las condiciones en las que una persona forma su opinión.

La respuesta tampoco puede ser prohibir la inteligencia artificial en política. Sería poco realista y probablemente contraproducente. La IA también puede facilitar información, comparar programas, detectar irregularidades y acercar instituciones al ciudadano.

La frontera debe buscarse en otro lugar: transparencia sobre contenidos artificiales, responsabilidad sobre su utilización y ciudadanos capaces de reconocer cuándo alguien intenta manipularlos.

Durante mucho tiempo defendimos el secreto del cuarto oscuro porque allí el ciudadano debía encontrarse solo con su conciencia.

En el siglo XXI tendremos que empezar a preguntarnos quién estuvo hablando con esa conciencia antes de que el ciudadano entrara a votar.

🌍 MUNDO

CUANDO EL MIEDO VUELVE A GOBERNAR EL MAPA

Corea del Norte volvió a lanzar este sábado varios misiles balísticos de corto alcance hacia el mar de Japón.

Los proyectiles fueron detectados desde la zona de Wonsan y recorrieron aproximadamente 250 kilómetros, según las autoridades militares surcoreanas. El lanzamiento se produjo después de los ejercicios militares conjuntos Freedom Edge realizados por Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Pyongyang considera esas maniobras una provocación; Washington y sus aliados sostienen que tienen carácter defensivo.

Podría leerse como otro episodio de una tensión que lleva décadas.

Pero hay algo más detrás.

Estamos asistiendo al regreso de una lógica internacional que muchos creyeron parcialmente superada después de la Guerra Fría: la seguridad construida a partir del miedo que cada parte consigue provocar en la otra.

Un país realiza ejercicios militares porque teme a su adversario.

El adversario interpreta esos ejercicios como amenaza y responde con misiles.

La respuesta confirma el temor original.

Entonces llegan nuevas maniobras, nuevas armas y nuevas amenazas.

Cada actor puede encontrar razones para justificar el siguiente movimiento. El problema es que, cuando todos actúan desde el miedo, el resultado colectivo puede ser una inseguridad mayor.

La libertad también entra en esa ecuación.

Las sociedades amenazadas suelen aceptar controles, gastos militares y restricciones que en circunstancias normales discutirían con mayor detenimiento. Algunas medidas pueden ser necesarias. Precisamente por eso necesitan instituciones capaces de distinguir entre seguridad y utilización política del miedo.

Una democracia tiene derecho a defenderse.

Pero también necesita conservar la capacidad de preguntarse hasta dónde.

Corea del Norte representa el extremo opuesto: un régimen cerrado en el que el poder político controla buena parte de la información disponible para sus ciudadanos y donde la amenaza exterior constituye desde hace décadas un componente de la legitimación interna.

Dos modelos políticos profundamente diferentes quedan así atrapados en una misma dinámica estratégica.

Cada misil obliga al otro a prepararse.

Cada preparación justifica el próximo misil.

La pregunta de fondo excede a la península coreana.

¿Cuánta libertad estamos dispuestos a entregar para sentirnos seguros y cuánta inseguridad terminamos produciendo mientras intentamos protegerla?

Esa tensión vuelve a ocupar el mapa del mundo. Y sería un error acostumbrarnos a ella.

LIBERTAS, por la Libertad, la Democracia y la República

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