Por Ruben O. Muyano
30/06/2026
El Socialismo del Siglo XXI es una doctrina política y económica fuertemente impulsada por el Foro de São Paulo. Desarrollada tras el fin de la Guerra Fría, busca actualizar el marxismo tradicional para establecer un control estatal estratégico y una integración regional basada en la soberanía frente al libre mercado.
Orígenes y propósito
La doctrina fue sistematizada a partir de 1996 por pensadores como Heinz Dieterich y adoptada como hoja de ruta estratégica por el conglomerado de movimientos y partidos de izquierda nucleados en el Foro de São Paulo. Su propósito original fue crear un frente unificado para combatir el modelo capitalista y neoliberal en América Latina. Ejes doctrinales y políticos
El corpus ideológico y la praxis política promovida desde este espacio se fundamentan en varios pilares:
• Democracia participativa: Propone sustituir o complementar la democracia representativa tradicional con mecanismos directos (como referendos y asambleas constituyentes) para legitimar el poder del Estado y la figura del líder. Economía mixta orientada al Estado: Rechaza el libre mercado irrestricto y postula una economía regulada bajo el control estatal, orientada a la satisfacción de necesidades básicas y la justicia social.
• Antiimperialismo: Plantea una fuerte oposición a las políticas hegemónicas de Estados Unidos y a la intervención extranjera en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Hegemonía cultural (gramscianismo): Inspirada en el pensamiento del italiano Antonio Gramsci, la estrategia aboga por la batalla cultural, buscando permear la sociedad a través de la educación, los medios y las instituciones, evitando restringirse exclusivamente a la lucha armada. Consolidación y críticas
A través del respaldo a diversos gobiernos latinoamericanos de izquierda (como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Brasil, entre otros), la doctrina sirvió como marco para refundar constituciones y expandir el peso del sector público. Mientras que sus defensores destacan su enfoque en la justicia social, la redistribución de la riqueza y el desarrollo regional, sus críticos señalan que esta estrategia suele derivar en la concentración del poder, el debilitamiento de los contrapesos democráticos institucionales, el populismo y un estatismo perjudicial para la economía.
Para profundizar en el análisis politológico del Socialismo del Siglo XXI y su articulación a través del Foro de São Paulo, es necesario evaluar la doctrina desde la teoría política contemporánea, examinando sus mecanismos de poder, su estrategia institucional y sus dinámicas de gobernanza.
1. El modelo de «Democracia Radical» y Populismo
Desde la ciencia política, autores como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe aportan el marco teórico que fundamenta la praxis de esta corriente:
• Construcción del «Pueblo»: Se establece una frontera antagónica divisoria en la sociedad (el «pueblo» soberano frente a la «oligarquía» o el «imperialismo») para cohesionar la base electoral.
• Hiperpresidencialismo: El poder se centraliza en un liderazgo carismático que se asume como el intérprete directo de la voluntad popular, debilitando la intermediación de los partidos políticos tradicionales.
• Erosión democrática interna: Politólogos como Steven Levitsky clasifican algunos de estos regímenes como «autoritarismos competitivos», donde se mantienen elecciones periódicas pero el Estado altera las condiciones de competencia para asegurar su permanencia.
2. Captura Institucional y «Constitucionalismo Transformador»
A diferencia del marxismo del siglo XX, que buscaba la destrucción violenta del Estado burgués, el Foro de São Paulo promovió el uso de las vías democráticas formales para transformar el sistema desde adentro:
• Asambleas Constituyentes: Utilizadas como herramientas de refundación nacional para disolver los poderes legislativos y judiciales previos.
• Ingeniería institucional: Modificación de las reglas de reelección presidencial y captura de los organismos de control (tribunales electorales y supremas cortes) para neutralizar los contrapesos constitucionales.
• Legitimidad plebiscitaria: Uso constante de consultas populares y referéndums para validar decisiones del Ejecutivo, debilitando el debate parlamentario deliberativo.
3. Economía Política: Capitalismo de Estado y Rentismo
El análisis económico-político demuestra que la sostenibilidad material de la doctrina dependió de condiciones estructurales específicas:
• Estatismo estratégico: Nacionalización de sectores clave (energía, telecomunicaciones, minería) para transferir excedentes económicos directamente a los programas de asistencia social del Ejecutivo.
• Vulnerabilidad al ciclo de commodities: Gran parte del auge y posterior crisis de estos modelos coincidió con el superciclo de las materias primas. La falta de diversificación económica derivó en crisis de inflación, desabastecimiento y contracción del PIB al caer los precios internacionales.
• Redes de patronazgo: El gasto público se utilizó frecuentemente de forma clientelar para consolidar bases de apoyo electoral cautivas, vinculando el bienestar económico directo del ciudadano a la continuidad del partido en el poder.
4. Geopolítica Regional y Bloques de Integración
El Foro de São Paulo funcionó como el espacio de concertación ideológica que coordinó la creación de una arquitectura institucional paralela en América Latina:
• Diplomacia ideológica: Impulso de bloques como la ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), la UNASUR y la CELAC, diseñados expresamente para excluir la influencia de Estados Unidos (OEA) y limitar el alcance de los tratados de libre comercio tradicionales.
• Redes de solidaridad asimétrica: Mecanismos de subsidio energético (como Petrocaribe) utilizados para asegurar apoyos diplomáticos en foros internacionales y blindar a los gobiernos aliados frente a sanciones o condenas externas.
En el análisis politológico contemporáneo, el impacto del Socialismo del Siglo XXI y del Foro de São Paulo sobre las nuevas corrientes de izquierda (o «segunda marea rosa») se caracteriza por una profunda reconfiguración estratégica. Esto implica un reseteo de la estrategia narrativa y de los planes de acción política por etapas quinquenales. Así se lo vio en Venezuela, en Bolivia, Argentina, en Uruguay…
A diferencia de la homogeneidad ideológica y la abundancia de recursos de la primera década del siglo, el escenario actual muestra una fragmentación notable, condicionada por el voto de castigo a los oficialismos (voto anti-incumbente) y un fuerte avance de las fuerzas de centroderecha y nuevas derechas en la región. Este voto castigo es pendular, porque no está basado en temas conceptuales, no es un voto castigo al sistema socialista, sino que se agota en una lectura superflua anclada en los fenómenos de gestiones de gobierno, y es una obviedad, poder captar que las gestiones se muestran progresivamente ineficientes y corruptas, porque el sistema socialista conlleva una conducta política de usurpación de la Institucionalidad de nuestros Estados Democráticos, mediante un proceso de usurpación de la economía de sus ciudadanos en pos del enriquecimiento del Poder Ejecutivo, bajo un proceso de estatización de los recursos económicos y de la dinámica económica de nuestros países.
En mérito a este contexto de Batalla Cultural de Sistemas de Gobierno y Naturaleza de Estado, la ganancia electoral de las llamadas derechas, conlleva la consideración nerviosa de esta doctrina a la idea estratégica de una suerte de voto censitario, y no universal, debido a un modelo único de propuestas ideológicas, por ende, quienes no compartan este modelo de naturaleza de Estado; de hecho, no participarán del evento electoral, mediante el voto anulado o en blanco, si acaso el mismo lo imponen obligatorio, sino habrá una alta desertificación electoral. Bajo este plan considerado necesario, es que pretenden arribar a un cambio Constitucional de nuestros modelos de gobierno y naturaleza del Estado.
Veamos el impacto y la evolución de este fenómeno se estructuran en los siguientes ejes esenciales:
Distanciamiento del modelo autoritario en izquierdas moderadas
Las izquierdas modernas y democráticas de la región han marcado una línea divisoria tajante con el legado institucional y económico del Socialismo del Siglo XXI tradicional, encarnado por regímenes de partido único o autoritarismos competitivos:
• La vía socialdemócrata e institucional: Liderazgos como el de Yamandú Orsi en Uruguay o Bernardo Arévalo en Guatemala priorizan la estabilidad institucional, el respeto a las reglas republicanas y una agenda marcadamente anticorrupción y de bienestar social, alejándose por completo de la retórica de asambleas constituyentes refundacionales o de la captura de los tribunales de justicia.
Estos dos puntos, considero que son apariencias estratégicas, o diferendos estratégicos, desde líneas de acción política más moderada, hasta no lograr el apoyo o la adhesión electoral con amplios márgenes, cosa que en Uruguay jamás ocurrió, y es en virtud de este resultado electoral histórico, que la izquierda uruguaya opera un mecanismo revolucionario populista por dentro de los mecanismos legislativos y administrativos del Estado, in visibilizando de modo gradual, bajo una narrativa de marketing ideológico, que logra disfrazarlo como una variante democrática que sostiene a nuestro Estado de Derecho, cuando en la verdad de los hechos, esta narrativa oculta el desmantelamiento progresivo y exponencial de la institucionalidad de nuestro Estado de Derecho.
Este híbrido entre democracia representativa y estatismo, de las consideradas izquierdas más moderadas, solo nos está hablando de un matiz de estrategia política dentro del espectro de las izquierdas marxistas que pertenecen al Foro de Sao Paulo.
Dicho fenómeno, en lugar de ser contraproducente para los intereses de izquierda, es un fenómeno de crónica confusión y disolución de este contexto revolucionario socialista en países como Uruguay, logrando invisibilizar dicho proceso populista (populismo es la estrategia o mecanismo de activación del proceso revolucionario contra nuestros Estados de Derecho Democráticos)
Hay otro punto de vital importancia para entender este proceso histórico político en nuestro continente, y se trata del costo que conlleva el blindaje ideológico: El Foro de São Paulo ha perdido peso como articulador unificado debido a que las nuevas vertientes de izquierda evitan asociarse con la crisis venezolana o el régimen nicaragüense, entendiendo que el alineamiento dogmático con el eje de Caracas o Managua acarrea un severo costo electoral interno.
De la ortodoxia económica a la gestión de la escasez
A diferencia del «superciclo de las materias primas» (2003-2013) que financió los proyectos expansivos de la primera corriente, las izquierdas contemporáneas operan en un entorno de estrictas restricciones fiscales, inflación global y demandas ciudadanas inmediatas: Pragmatismo macroeconómico: Administraciones de peso como la de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil han tenido que gobernar mediante coaliciones amplias, cediendo ministerios clave al centro y respetando los marcos de disciplina fiscal para evitar fugas de capitales y descalabros inflacionarios.
Bajo esta estrategia ocurrió la saturación del modelo asistencialista: Esto trajo aparejada la imposibilidad de sostener subsidios masivos sin diversificación económica —una de las grandes críticas de la ciencia política al modelo rentista del siglo XXI— ha forzado a los nuevos gobernantes progresistas a buscar pactos de productividad y reformas fiscales más convencionales.
Nuevas agendas identitarias frente al choque cultural
El sujeto político ya no es exclusivamente la masa obrera o campesina del marxismo clásico, ni el «bloque popular antiimperialista» que conceptualizaba el Foro de São Paulo hace dos décadas: Estos eran los planteos revolucionarios de Antonio Gramsci. Consiste en la ampliación de las líneas sociales revolucionarias, quitándole hegemonía o monopolio revolucionario a la clase obrera.
A partir de esta estrategia matriz, aparecen estos nuevos fenómenos a resolver como desafíos para las izquierdas del Foro de Sao Paulo.
• Fragmentación de demandas: Las nuevas olas incorporan con fuerza el ecologismo, las agendas de género, el feminismo y los derechos de las minorías. Sin embargo, la preeminencia de estas temáticas pos materiales a menudo entra en conflicto con las demandas materiales urgentes (seguridad y empleo) de los sectores populares tradicionales.
• Pérdida de la hegemonía digital: La «batalla cultural» ya no se disputa prioritariamente en los medios estatales o la educación tradicional. El auge de la tecnología y el ecosistema de redes sociales ha sido capitalizado con mayor eficacia por discursos polarizantes de las nuevas derechas neo reaccionarias, debilitando la capacidad de movilización territorial de la izquierda. 4. Auge del péndulo político y pérdida de influencia regional
Los datos de la ciencia política confirman que América Latina atraviesa un intenso viraje e inestabilidad de bloques, donde los proyectos de integración ideológica de largo plazo (como la ALBA o UNASUR) han fracasado por su falta de solidez institucional:
El mapa político en retroceso: Entre 2023 y 2026, la correlación de fuerzas en la región se inclinó drásticamente. De un predominio de gobiernos de izquierda, el mapa se contrajo dejando a las fuerzas progresistas minoritarias frente a gobiernos de derecha consolidados. Aunque más que gobiernos de derecha consolidados, considero que se consolidó un proceso electoral hacia propuestas de derecha, que a partir de estas fechas tendrán que demostrar su idoneidad y experticia para liberar a nuestras sociedades de las propuestas anti capitalistas y anti democracias representativas que representan las propuestas ideológicas del Foro de Sao Paulo.
• Casos recientes de alternancia: Eventos clave como los reñidos balotajes en Colombia —donde se impuso Abelardo de la Espriella frente al candidato respaldado por Gustavo Petro— y en Perú con el triunfo de Keiko Fujimori, demuestran la fragilidad de la continuidad progresista cuando no se resuelven problemas estructurales de seguridad ciudadana y crecimiento económico.
• El electorado latinoamericano actual se muestra predominantemente impaciente y pragmático: no se ha volcado de manera permanente a una ideología particular, sino que ejerce un severo castigo a la gestión oficialista cuando esta falla en proveer orden social y estabilidad material.
Agregaría a esto que el electorado latinoamericano se muestra coyuntural, de premio y castigo a los resultados de gestiones de gobierno, según los resultados económicos, y de seguridad pública, como de calidad laboral.
Este estudio continuará…
