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RUSIA VOTA BAJO LA GUERRA Y EUROPA MIDE EL RIESGO

El control electoral del Kremlin, la continuidad de la invasión de Ucrania y las advertencias sobre posibles acciones contra la OTAN

Informe especial de LIBERTAS | 21 de septiembre de 2026

Rusia celebró su primera elección parlamentaria desde la invasión a gran escala de Ucrania. El resultado fortalece a Vladimir Putin, pero no puede leerse como una expresión libre y completa de la voluntad popular. La oposición contraria a la guerra fue excluida o perseguida, la crítica a las Fuerzas Armadas permanece criminalizada y la votación se extendió a territorios ucranianos ocupados.

Mientras el Kremlin presenta las urnas como una confirmación de unidad nacional, la guerra se vuelve más profunda y alcanza lugares cada vez más alejados del frente. Ucrania golpea instalaciones dentro de Rusia. Moscú intensifica sus ataques contra ciudades, infraestructura y redes logísticas ucranianas. Europa, por su parte, intenta determinar si las operaciones híbridas rusas pueden derivar en una provocación militar contra la OTAN.

La situación exige firmeza, pero también precisión. El riesgo existe. La invasión general de Europa no está demostrada como una decisión inmediata.

Una victoria construida desde el poder

Con más del 95 % de los votos contabilizados, Rusia Unida alcanzó el 57,83 % y proyecta obtener 355 de las 450 bancas de la Duma Estatal. En 2021 había conseguido el 49,8 %. El oficialismo conservará así una mayoría constitucional capaz de controlar la actividad legislativa y aprobar reformas sin depender de fuerzas ajenas al sistema organizado por el Kremlin. Reuters informó estos resultados el 21 de septiembre.

La contundencia numérica no debe confundirse con calidad democrática. La elección se desarrolló después de años de represión contra dirigentes opositores, periodistas, organizaciones civiles y ciudadanos que cuestionaron la guerra. La mayoría de los candidatos abiertamente contrarios a la invasión no pudo competir. El partido liberal Yabloko quedó excluido de la elección por listas y numerosos opositores se encuentran encarcelados, exiliados o sometidos a restricciones judiciales.

Tampoco fueron invitados observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. La votación electrónica, promovida ampliamente por las autoridades, volvió a ser cuestionada por la imposibilidad de realizar una supervisión independiente adecuada. La participación oficial superó el 59 %, según los resultados preliminares recogidos por Associated Press.

El Kremlin podrá afirmar que Rusia eligió continuar la guerra. Lo que el proceso demuestra con mayor claridad es otra cosa: el Estado ruso conserva una enorme capacidad para controlar las alternativas disponibles, definir los límites de la discusión pública y transformar una elección en un mecanismo de ratificación.

Una urna no convierte automáticamente a un régimen en democrático. Para que una elección exprese soberanía popular debe existir libertad para disentir, competir, informarse y sustituir a quienes gobiernan. Cuando esas condiciones desaparecen, el voto deja de limitar al poder y comienza a servirle.

La Duma como instrumento de una presidencia sin contrapesos

La mayoría obtenida por Rusia Unida consolida un sistema en el que la separación de poderes es principalmente formal. La Duma no actúa como un contrapeso capaz de investigar al Ejecutivo, revisar las decisiones militares o exigir responsabilidades por el costo humano y económico de la guerra.

El Parlamento ruso ha acompañado las restricciones a la prensa, las leyes contra el supuesto “descrédito” de las Fuerzas Armadas y la ampliación de las herramientas de vigilancia. También ha respaldado la anexión de territorios ucranianos y la adaptación de la economía a las necesidades militares.

Desde una mirada republicana, este es el aspecto más grave del resultado. La República exige que el poder encuentre límites jurídicos, instituciones independientes y controles efectivos. La concentración de 355 bancas en el partido oficial profundiza la subordinación legislativa y reduce todavía más el espacio para la deliberación.

La elección ofrece una apariencia institucional a una estructura política que ya no admite una competencia capaz de disputar realmente el gobierno. El procedimiento se conserva. El pluralismo desaparece.

Una guerra que se extiende sin resolverse

En Ucrania no existe una ruptura estratégica que permita anticipar un final próximo. Rusia mantiene presión sobre el este del país y continúa buscando el control completo de Donetsk. Sus avances se desaceleraron durante 2026, pero Moscú conserva capacidad ofensiva y una importante superioridad material.

Ucrania sostiene sus líneas, realiza contraataques localizados y amplía el alcance de sus operaciones contra refinerías, depósitos y redes logísticas rusas. Durante el fin de semana electoral lanzó una de sus mayores ofensivas con drones sobre territorio ruso. Moscú y otras regiones fueron alcanzadas, con víctimas civiles y daños en infraestructura energética.

Rusia respondió con nuevos ataques contra varias regiones ucranianas. En Zaporizhzhia fueron alcanzados edificios residenciales, una universidad y un centro comercial. Otro ataque en la región de Kyiv mató a una mujer y a tres niños, según autoridades ucranianas citadas por Associated Press.

La guerra ya no puede comprenderse únicamente mediante los movimientos de infantería sobre el mapa. Drones, misiles, sistemas autónomos y armas de largo alcance han convertido las ciudades, la producción energética y las redes de transporte en partes centrales del conflicto.

Las cifras civiles muestran esa transformación. La Misión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas verificó al menos 372 civiles muertos y 2.349 heridos durante agosto. Entre enero y agosto de 2026 registró 2.222 muertos y 13.058 heridos, un 55 % más que durante el mismo período de 2025. Las armas de largo alcance causaron el 47 % de las víctimas civiles documentadas en agosto. El informe completo fue publicado por Naciones Unidas.

La invasión rusa sigue siendo el hecho que origina la guerra a gran escala, la ocupación y la destrucción de la soberanía ucraniana. Nombrar esa responsabilidad no supone conceder a Ucrania un permiso ilimitado sobre los medios empleados. El derecho internacional humanitario obliga a distinguir objetivos militares y población civil, cualquiera sea el autor del ataque.

La diferencia entre agresor y agredido debe mantenerse. También deben mantenerse los límites que separan la defensa legítima de una violencia sin control.

¿Putin se prepara para atacar Europa?

La pregunta mezcla situaciones distintas.

Rusia ya ataca a un Estado europeo: Ucrania. También desarrolla operaciones híbridas contra países de la Unión Europea y la OTAN. Gobiernos y servicios de inteligencia occidentales le atribuyen ciberataques, sabotajes, campañas de influencia, reconocimiento mediante drones y acciones contra infraestructura crítica.

Esta presión híbrida no es una hipótesis futura. Ya ocurre.

La cuestión diferente es si Putin ha decidido atacar militarmente a un miembro de la OTAN. La información pública disponible no permite afirmarlo. Tampoco justifica ignorar el riesgo.

Responsables de inteligencia europeos han advertido que Moscú podría intentar una incursión limitada, una provocación fronteriza, una operación de falsa bandera o un ataque con drones y misiles destinado a medir la respuesta aliada. Michal Koudelka, director del servicio de inteligencia checo, declaró que un escenario de ese tipo podría producirse en “meses, no años”.

Los servicios bálticos han sido más prudentes. Normunds Mežviets, director del servicio de seguridad de Letonia, afirmó que no existen indicios de un ataque inminente. Reconoció preparativos rusos para acciones más decididas en Europa, aunque señaló que podrían formar parte de una estrategia de desestabilización destinada a sembrar miedo e incertidumbre. Las evaluaciones fueron recogidas por The Guardian.

Ambas advertencias pueden ser ciertas al mismo tiempo. Rusia no parece disponer actualmente, sin reducir su esfuerzo en Ucrania, de fuerzas suficientes para lanzar una campaña terrestre extensa contra varios países europeos. Una acción pequeña y ambigua requiere muchos menos recursos.

El escenario más peligroso no sería necesariamente una invasión continental. Podría consistir en un incidente deliberadamente confuso: drones sobre territorio aliado, un sabotaje con víctimas, una incursión fronteriza breve o una operación encubierta cuya autoría resulte inicialmente discutible.

Su objetivo sería político antes que territorial. Moscú buscaría comprobar si el artículo 5 de la OTAN funciona como un compromiso real o queda paralizado por la duda. Una respuesta lenta o dividida permitiría presentar a la Alianza como incapaz de proteger a sus miembros.

Putin no necesita conquistar Europa para debilitarla. Le alcanzaría con demostrar que sus democracias temen más a la respuesta que a la agresión.

La libertad frente a la política del miedo

La guerra rusa no se dirige únicamente contra el territorio ucraniano. También cuestiona el derecho de una sociedad a elegir su orientación política sin recibir como respuesta una invasión.

Ucrania no es una zona de influencia cuya soberanía pueda ser administrada por Moscú. Es un Estado reconocido internacionalmente. Sus ciudadanos tienen derecho a decidir su gobierno, sus alianzas y su futuro.

Aceptar que una potencia puede modificar fronteras por la fuerza afectaría especialmente a los países pequeños. Para Uruguay y América Latina, la defensa de la soberanía territorial no es una cuestión distante. El derecho internacional constituye una de las pocas barreras disponibles frente a la desigualdad militar entre los Estados.

La libertad tampoco puede sobrevivir donde el miedo impide discutir la guerra. En Rusia, cuestionar la versión oficial puede costar el empleo, la libertad o el exilio. La elección parlamentaria se celebró dentro de ese clima. Su resultado expresa control político con mucha mayor claridad que consentimiento ciudadano.

Democracia y República ante la amenaza

Europa debe evitar dos errores.

El primero consiste en convertir cada rumor en el anuncio de una guerra inevitable. El pánico desordena a las sociedades, daña las economías y puede servir a la estrategia psicológica del Kremlin. No todo dron, incendio o interrupción de infraestructura prueba una operación rusa. La atribución exige evidencia técnica y responsabilidad pública.

El segundo error sería exigir una certeza imposible antes de prepararse. Ningún servicio de inteligencia puede garantizar que una provocación no ocurrirá. La disuasión funciona precisamente cuando el adversario entiende que no encontrará vacilación, impunidad ni aliados aislados.

La respuesta europea requiere defensa creíble, reservas suficientes, protección de infraestructura y coordinación de inteligencia. También necesita sociedades capaces de resistir la desinformación sin limitar las libertades que pretenden defender.

Una democracia que responde al autoritarismo mediante censura indiscriminada termina concediéndole una victoria. Una República que renuncia a protegerse también abandona a sus ciudadanos. El desafío consiste en sostener seguridad y libertad dentro del Estado de derecho.

La posición de LIBERTAS

LIBERTAS sostiene que una paz duradera no puede construirse premiando la conquista territorial. Un acuerdo que permita a Rusia conservar por la fuerza todo lo ocupado podría detener temporalmente los combates, pero dejaría abierta la lógica que produjo la guerra.

Defender a Ucrania no implica respaldar sin examen cada decisión de Kyiv. Implica reconocer quién inició la invasión, proteger el derecho de los ucranianos a decidir su destino y exigir que todas las partes respeten los límites humanitarios.

El resultado electoral ruso fortalece al Kremlin, pero no convierte la guerra en legítima. La cantidad de votos no sustituye la libertad de elegir. La mayoría parlamentaria no transforma la ocupación en derecho. La propaganda tampoco borra a las víctimas.

El escenario más probable para los próximos meses es la continuidad de la guerra, acompañada por una mayor presión híbrida sobre Europa. Una provocación limitada contra la OTAN es plausible. Una invasión general inmediata no está demostrada.

Europa no necesita vivir bajo pánico. Necesita estar preparada.

Porque una paz que premie la conquista enseñará que la fuerza funciona. Y una democracia que espera a ser atacada para recordar el valor de sus instituciones puede descubrir demasiado tarde que la libertad también necesita ser defendida.

Por la Libertad. Por la Democracia. Por la República.

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