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Cuando el deterioro educativo deja de ser solamente un problema de la educación y comienza a convertirse en un problema para la Libertad, la Democracia y la República

Hay cifras que describen una realidad y cifras que deberían obligarnos a pensar hacia dónde estamos yendo.

Los resultados de PISA 2025, publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, pertenecen a la segunda categoría.

La mayor evaluación realizada hasta ahora por el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes comprendió aproximadamente 760.000 jóvenes de 15 años de 91 países y economías, representativos de unos 33 millones de estudiantes.

Su conclusión global es inquietante.

La OCDE registra los promedios más bajos de su historia en lectura y matemática. Además, uno de cada cinco estudiantes de 15 años de los países de la OCDE presenta actualmente bajo desempeño simultáneamente en ciencias, matemática y lectura; en 2022 eran aproximadamente el 16%.

No estamos, por tanto, frente a una fluctuación menor.

Estamos frente a una señal internacional que merece ser observada mucho más allá de las aulas.

Porque lectura, matemática y ciencias no son solamente materias escolares.

Son algunas de las herramientas fundamentales que utilizamos para comprender la realidad.

Y cuando una sociedad comienza a perder capacidad para comprender, interpretar y contrastar información, el problema deja de ser exclusivamente educativo.

Puede comenzar a ser un problema de libertad.

1. Una caída que atraviesa al mundo

Los números permiten comprender la magnitud del fenómeno.

El promedio de lectura de los países de la OCDE había alcanzado 501 puntos en 2012. En PISA 2025 cayó a 466.

Matemática pasó de un máximo de 502 a 469.

Ciencias, de 506 a 486.

Según el análisis difundido junto con los resultados, los adolescentes están mostrando niveles de lectura que anteriormente correspondían aproximadamente a estudiantes un año menores.

Pero hay otro dato significativo.

La OCDE encuentra una asociación entre el deterioro de determinadas competencias y cambios profundos en nuestros hábitos digitales.

Los estudiantes de los países de la OCDE reportan un promedio de 3,4 horas diarias de utilización recreativa de dispositivos digitales durante los días de semana, además de aproximadamente otras tres horas vinculadas al aprendizaje.

Más de uno de cada cuatro estudiantes señala que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias. La OCDE encuentra además que la distracción digital está asociada a menores resultados en ciencias en 59 de los 82 sistemas educativos estudiados.

Esto no permite afirmar que las pantallas sean la causa de la caída.

Pero permite formular una pregunta mucho más interesante:

¿qué está ocurriendo con nuestra capacidad de atención, lectura profunda y esfuerzo cognitivo en una sociedad construida alrededor de la velocidad, la interrupción y la respuesta inmediata?

2. La gran paradoja de la sociedad de la información

Nunca tuvimos tanta información.

Nunca fue tan sencillo acceder al conocimiento.

Nunca dispusimos de herramientas tan poderosas para encontrar respuestas.

Y nunca una generación había tenido permanentemente en su bolsillo una tecnología capaz de responder casi cualquier pregunta.

Sin embargo, disponer de información no significa comprenderla.

Esa puede ser una de las grandes paradojas de nuestro tiempo.

Durante siglos el problema fue acceder al conocimiento.

Hoy comienza a ser otro:

qué hacemos cuando tenemos demasiado conocimiento, demasiadas respuestas y demasiados estímulos compitiendo simultáneamente por nuestra atención.

Buscar ya no alcanza.

Hay que seleccionar.

Leer ya no alcanza.

Hay que comprender.

Recibir información ya no alcanza.

Hay que contrastarla.

Tener datos ya no alcanza.

Hay que interpretarlos.

Y utilizar inteligencia artificial tampoco alcanza.

Hay que ser capaces de evaluar aquello que la inteligencia artificial produce.

Por eso PISA 2025 puede estar mostrando algo mucho más profundo que una crisis de rendimiento escolar.

Puede estar mostrándonos una transformación de nuestra relación con el conocimiento.

3. El nuevo analfabetismo

El analfabetismo del siglo XXI probablemente sea mucho más difícil de reconocer que el del pasado.

No necesariamente será el de quien no sabe leer.

Será también el de quien:

lee pero no comprende profundamente;

encuentra información pero no distingue su calidad;

recibe una estadística pero no sabe interpretarla;

ve una imagen pero no puede determinar su procedencia;

observa un video generado artificialmente y no sabe verificarlo;

confunde popularidad con verdad;

comparte antes de comprobar;

pregunta a una inteligencia artificial y acepta la respuesta porque parece convincente.

Podremos encontrarnos entonces frente a una paradoja extraordinaria:

personas permanentemente informadas que comprenden cada vez menos aquello sobre lo que están informadas.

Y esto cambia completamente la dimensión política del problema educativo.

4. Uruguay: ni catastrofismo ni complacencia

Uruguay merece un análisis diferente.

Porque nuestros resultados no reproducen exactamente el derrumbe internacional.

En PISA 2025 participaron 6.573 estudiantes uruguayos pertenecientes a 225 centros educativos, representativos de aproximadamente 35.700 jóvenes de 15 años.

Los resultados fueron:

Ciencias: 444,5 puntos.

Lectura: 423,2 puntos.

Matemática: 404,9 puntos.

Respecto de 2022, Uruguay mejoró nueve puntos en ciencias, cayó siete en lectura y permaneció estadísticamente estable en matemática.

Más importante todavía: el resultado de ciencias es el mejor obtenido por Uruguay en toda su participación en PISA.

Esto debe decirse.

Porque un análisis serio no puede seleccionar únicamente los datos que confirman una posición previa.

Uruguay tiene logros.

También mejoró significativamente la trayectoria educativa: en 2025, más del 80% de los jóvenes de 15 años estaba cursando el grado esperado para su edad, mientras que el rezago severo —dos o más grados— descendió al 4,5%.

Además, Uruguay continúa situado entre los países latinoamericanos con mejores resultados.

Todo esto constituye una buena noticia.

Pero sería un enorme error detener allí el análisis.

5. El dato detrás del promedio

Hay otra manera de mirar PISA.

No preguntar únicamente cuánto obtiene Uruguay en promedio, sino:

¿cuántos jóvenes poseen realmente las competencias mínimas necesarias?

Y allí el panorama cambia.

En matemática, solamente 42% de los estudiantes uruguayos alcanza al menos el nivel 2, considerado por PISA el umbral básico de competencia.

El promedio de la OCDE es 65%.

Esto significa, visto desde el otro lado, que aproximadamente:

58 de cada 100 jóvenes uruguayos de 15 años no alcanzan el nivel básico en matemática.

En lectura, alcanza ese umbral aproximadamente 57%.

Es decir:

43 de cada 100 no lo alcanzan.

En ciencias alcanza al menos el nivel básico aproximadamente 64%.

Por tanto:

36 de cada 100 no lo alcanzan.

Y solamente alrededor del 1% de los estudiantes uruguayos alcanza los niveles superiores en matemática, mientras que en lectura lo consigue aproximadamente el 2%.

Ahí aparece la pregunta que trasciende definitivamente a PISA.

6. ¿Qué significa no comprender?

PISA define el nivel básico de lectura de una manera particularmente interesante.

Un estudiante que alcanza al menos el nivel 2 puede identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información utilizando determinados criterios y reflexionar sobre el propósito y la forma del texto cuando se le solicita.

En matemática, ese nivel implica poder reconocer cómo una situación relativamente sencilla puede representarse matemáticamente y resolver problemas cotidianos básicos.

Por eso deberíamos dejar de pensar estos porcentajes exclusivamente como resultados educativos.

Pensemos qué necesita hacer diariamente un ciudadano adulto.

Comprender un contrato.

Interpretar una noticia.

Evaluar una encuesta.

Entender una tasa de interés.

Comparar propuestas políticas.

Interpretar estadísticas sobre empleo, inflación o seguridad.

Reconocer cuándo un gráfico manipula una escala.

Comprender una norma.

Diferenciar correlación de causalidad.

Evaluar una promesa electoral.

Contrastar información.

Detectar una mentira.

Todo eso necesita capacidades cognitivas.

Y entonces aparece una pregunta incómoda:

¿puede existir igualdad política real cuando existe una enorme desigualdad en las herramientas necesarias para comprender la realidad?

7. La desigualdad que debería preocuparnos

PISA muestra además otro fenómeno persistente en Uruguay.

Los estudiantes pertenecientes al 25% socioeconómicamente más favorecido superan a los pertenecientes al 25% más desfavorecido en 87 puntos en ciencias.

El nivel socioeconómico explica aproximadamente 15% de la variación del desempeño científico uruguayo, frente al 12% promedio de la OCDE.

Aquí aparece uno de los mayores riesgos para una República.

Estamos acostumbrados a hablar de desigualdad económica.

Ingresos.

Patrimonio.

Vivienda.

Acceso al consumo.

Todas importan.

Pero existe otra desigualdad potencialmente mucho más profunda:

la desigualdad cognitiva.

Dos jóvenes pueden tener exactamente el mismo derecho al voto.

Ambos pueden tener un teléfono.

Ambos pueden acceder a Internet.

Ambos pueden utilizar inteligencia artificial.

Pero uno puede comprender textos complejos, verificar información, interpretar estadísticas, formular preguntas, reconocer contradicciones y construir argumentos.

El otro tiene enormes dificultades para hacerlo.

Formalmente ambos poseen los mismos derechos.

Pero debemos preguntarnos:

¿poseen realmente las mismas herramientas para ejercerlos?

8. De la desigualdad educativa a la desigualdad ciudadana

Aquí aparece nuestro posicionamiento.

Una República puede soportar diferencias importantes de ingresos.

Lo que resulta mucho más peligroso es construir progresivamente una sociedad dividida entre ciudadanos cognitivamente autónomos y ciudadanos cognitivamente dependientes.

Entre quienes pueden interpretar los sistemas que organizan su vida y quienes necesitan que otros los interpreten por ellos.

Entre quienes comprenden los algoritmos y quienes simplemente reciben sus recomendaciones.

Entre quienes utilizan inteligencia artificial para ampliar sus capacidades y quienes comienzan a delegar en ella su pensamiento.

Entre quienes pueden verificar una afirmación y quienes solamente pueden creerla o rechazarla.

Eso transforma una desigualdad educativa en una desigualdad política mucho más profunda:

desigualdad en la capacidad efectiva de ejercer ciudadanía.

9. La libertad comienza antes del voto

Solemos pensar la libertad desde sus expresiones institucionales.

Libertad de expresión.

Libertad de asociación.

Libertad de prensa.

Libertad de conciencia.

Libertad electoral.

Todas son imprescindibles.

Pero existe una libertad anterior a todas ellas.

La libertad de construir nuestro propio juicio.

La libertad cognitiva.

Para ejercerla necesitamos comprender información, comparar argumentos, identificar intereses, detectar manipulaciones y decidir finalmente qué creemos.

Una persona puede conservar formalmente todos sus derechos y, sin embargo, comenzar a perder autonomía para ejercerlos.

Por eso:

el ciudadano que deja de comprender no pierde inmediatamente su derecho a elegir; corre el riesgo de que otros comiencen a elegir intelectualmente por él.

10. La inteligencia artificial entra en escena

PISA 2025 introduce otra dimensión extraordinariamente relevante.

Casi la mitad de los estudiantes utiliza regularmente herramientas de inteligencia artificial para aprender.

La OCDE advierte que la relación entre IA y aprendizaje depende enormemente de cómo se utiliza.

Los estudiantes que recurren frecuentemente a herramientas de IA para determinadas tareas —como redactar textos, resumir contenidos o investigar— presentan asociaciones con resultados inferiores; Reuters recoge una diferencia cercana a 20 puntos en ciencias, aproximadamente equivalente a un año de aprendizaje según la interpretación comunicada alrededor de los resultados. Esto es una asociación, no una demostración de que la IA cause ese menor rendimiento.

Esta distinción es fundamental.

Porque sería absurdo declarar a la inteligencia artificial enemiga de la educación.

Puede ser exactamente lo contrario.

La IA puede explicar un concepto de diferentes maneras.

Personalizar aprendizajes.

Traducir.

Simular.

Ayudar a investigar.

Permitir accesibilidad.

Potenciar creatividad.

Acompañar procesos.

Democratizar acceso al conocimiento.

El problema aparece cuando dejamos de preguntarle a la IA para comenzar a entregarle aquello que deberíamos pensar nosotros.

Nuestra posición puede resumirse en una frontera sencilla:

IA que amplía el pensamiento: oportunidad.

IA que sustituye el pensamiento: riesgo.

11. Democracias de ciudadanos o democracias de audiencias

Estamos entrando en una sociedad en la que cada persona convivirá permanentemente con sistemas capaces de:

seleccionar qué información ve;

ordenar su relevancia;

anticipar sus preferencias;

redactar argumentos;

crear imágenes;

producir videos;

imitar voces;

resumir acontecimientos;

personalizar mensajes;

y generar explicaciones prácticamente indistinguibles de las producidas por seres humanos.

La pregunta política central del siglo XXI podría entonces ser:

¿quién construye nuestra interpretación de la realidad?

Nosotros.

Los medios.

Nuestros grupos sociales.

Los algoritmos.

Los gobiernos.

Las plataformas.

Las inteligencias artificiales.

Probablemente todos simultáneamente.

Por eso la educación adquiere una dimensión democrática completamente nueva.

Una ciudadanía que solamente recibe información corre el riesgo de convertirse en audiencia.

Una audiencia mira.

Una audiencia reacciona.

Una audiencia consume.

Un ciudadano hace algo diferente:

interroga, contrasta, argumenta y decide.

12. El riesgo para la Libertad

La Libertad necesita individuos capaces de tomar decisiones autónomas.

No alcanza con que nadie nos impida hablar.

Necesitamos tener algo propio que decir.

No alcanza con acceder a información.

Necesitamos comprenderla.

No alcanza con poder elegir.

Necesitamos entender entre qué estamos eligiendo.

La verdadera libertad necesita capacidad crítica.

Por eso la educación constituye una infraestructura invisible de la libertad.

13. El riesgo para la Democracia

La democracia necesita algo más que elecciones periódicas.

Necesita ciudadanos capaces de deliberar.

Aceptar diferencias.

Comparar propuestas.

Comprender argumentos contrarios.

Distinguir hechos de opiniones.

Reconocer evidencia.

Cambiar de posición cuando aparecen mejores argumentos.

Cuando esas capacidades se debilitan, la conversación democrática puede degradarse hacia algo diferente:

emociones contra emociones;

consignas contra consignas;

tribus contra tribus;

algoritmos confirmándonos permanentemente aquello que ya creemos.

Entonces la polarización deja de ser solamente política.

Se vuelve cognitiva.

14. El riesgo para la República

La República introduce todavía otra exigencia.

Necesita ciudadanos capaces de comprender que el poder debe tener límites.

Que existen normas.

Instituciones.

Separación de poderes.

Controles.

Responsabilidades.

Derechos.

Obligaciones.

Una República no puede sostenerse indefinidamente solamente mediante instituciones fuertes.

Necesita ciudadanos capaces de comprender por qué esas instituciones deben existir y por qué deben ser defendidas incluso cuando limitan al gobernante que preferimos.

Sin esa cultura política, la República puede conservar su arquitectura mientras pierde lentamente sus fundamentos.

15. El autoritarismo que quizá no veremos llegar

Las democracias están acostumbradas a buscar amenazas reconocibles.

Golpes de Estado.

Censura.

Violencia.

Persecución política.

Corrupción.

Ataques a las instituciones.

Pero el siglo XXI podría agregar una amenaza mucho más silenciosa.

No necesita cerrar un Parlamento.

No necesita prohibir diarios.

No necesita cancelar elecciones.

Ni siquiera necesita censurar Internet.

Puede desarrollarse dentro de una sociedad hiperconectada y formalmente democrática.

Le alcanza con ciudadanos progresivamente menos capaces de diferenciar:

información de manipulación;

evidencia de opinión;

argumento de propaganda;

popularidad de verdad;

conocimiento de apariencia de conocimiento.

Entonces puede permanecer intacta durante mucho tiempo la arquitectura formal de la democracia mientras se deteriora lentamente una de sus condiciones fundamentales:

la autonomía intelectual de quienes deben sostenerla.

16. Uruguay tiene una responsabilidad especial

Uruguay posee una ventaja histórica extraordinaria.

Construyó buena parte de su identidad republicana alrededor de la educación.

La escuela uruguaya nunca fue concebida solamente como un lugar para transmitir contenidos.

Fue también una enorme construcción de ciudadanía.

Laica.

Gratuita.

Obligatoria.

Universal.

Integradora.

En el siglo XXI esa misión vuelve a adquirir una importancia extraordinaria.

Pero alfabetizar ahora significa mucho más.

Significa leer textos.

Y también leer algoritmos.

Comprender palabras.

Y comprender estadísticas.

Interpretar imágenes.

Reconocer contenido sintético.

Comprender fuentes.

Identificar sistemas de recomendación.

Aprender a utilizar inteligencia artificial.

Y aprender cuándo no debemos entregarle nuestra decisión.

17. El objetivo educativo debe cambiar

La respuesta a PISA no puede ser simplemente:

más ejercicios;

más deberes;

más horas;

más exámenes.

Necesitamos recuperar algo mucho más fundamental:

el esfuerzo de pensar.

El estudiante no debería ser un espectador pasivo de la tecnología.

Debe convertirse en actor.

Debe preguntar.

Investigar.

Equivocarse.

Comprobar.

Crear.

Discutir.

Contrastar.

Resolver.

Y finalmente decidir.

La tecnología debe aumentar esas capacidades, no reemplazarlas.

El objetivo educativo ya no puede ser formar jóvenes capaces de acumular respuestas.

Las máquinas serán extraordinariamente superiores haciendo eso.

Debemos formar personas capaces de hacer algo que será muchísimo más importante:

formular mejores preguntas, comprender las respuestas y conservar la responsabilidad de decidir.

18. Una nueva alfabetización democrática

Quizá necesitemos empezar a hablar de una alfabetización para la libertad cognitiva.

Una educación que permita a cada ciudadano:

comprender textos complejos;

interpretar números y probabilidades;

distinguir causalidad de correlación;

verificar fuentes;

identificar sesgos;

reconocer manipulación emocional;

comprender cómo funcionan los algoritmos;

detectar contenido generado artificialmente;

utilizar IA críticamente;

argumentar;

escuchar;

cambiar de opinión;

y tomar decisiones propias.

Eso ya no debería considerarse una competencia educativa complementaria.

Debería considerarse infraestructura democrática.

19. Lo que PISA no dice, pero nosotros debemos preguntarnos

PISA no mide la calidad de una democracia.

No mide libertad política.

No mide republicanismo.

Y sería metodológicamente incorrecto afirmar que un determinado resultado educativo produce necesariamente autoritarismo.

Nuestra tesis es diferente.

PISA mide competencias que resultan esenciales para desenvolverse en sociedades complejas.

Y nosotros debemos preguntarnos qué sucede con una democracia cuando una parte importante de sus ciudadanos tiene dificultades precisamente en esas competencias.

Por eso el dato educativo debe convertirse en una pregunta política.

No:

¿qué lugar ocupamos en el ranking?

Sino:

¿estamos formando ciudadanos intelectualmente preparados para conservar su autonomía en una sociedad gobernada cada vez más por información, algoritmos e inteligencia artificial?

20. La verdadera advertencia

PISA 2025 debería generar una discusión educativa.

Pero sería insuficiente.

Debería provocar una discusión nacional sobre ciudadanía.

Porque quizás estemos descubriendo una nueva relación:

educación → comprensión → autonomía → libertad → ciudadanía → democracia.

Si cualquiera de esos eslabones comienza a debilitarse, los siguientes también pueden quedar expuestos.

La democracia del siglo XXI no dependerá únicamente de garantizar la libertad de expresión.

Dependerá también de garantizar la capacidad de pensar antes de expresarnos.

No dependerá solamente del acceso a información.

Dependerá de nuestra capacidad para comprenderla.

No dependerá solamente del derecho a elegir.

Dependerá de nuestra capacidad para decidir autónomamente qué elegir.

Defender la libertad de pensar

Hay algo profundamente republicano en enseñar a un niño a leer.

Algo profundamente democrático en enseñarle a contrastar una fuente.

Algo profundamente liberal en enseñarle que ninguna autoridad posee el derecho de pensar en su lugar.

Y algo profundamente humano en enseñarle que incluso frente a una máquina capaz de responder prácticamente cualquier pregunta, la decisión final continúa siendo suya.

Ese debería ser nuestro posicionamiento frente a PISA 2025.

No utilizar sus resultados para anunciar una catástrofe que los datos uruguayos no muestran.

Tampoco utilizarlos para tranquilizarnos porque Uruguay continúa relativamente bien posicionado en América Latina.

Mirarlos como una advertencia.

Uruguay mejoró en ciencias.

Avanzó en cobertura.

Redujo el rezago.

Son logros importantes.

Pero 58 de cada 100 jóvenes no alcanzan todavía el umbral básico en matemática.

43 de cada 100 no lo alcanzan en lectura.

36 de cada 100 no lo alcanzan en ciencias.

Y detrás de cada porcentaje hay futuros ciudadanos.

Ciudadanos que deberán vivir en una sociedad probablemente más compleja, más automatizada, más algorítmica y más saturada de información que cualquiera que hayamos conocido.

Prepararlos para esa sociedad no significa solamente enseñarles a utilizar tecnología.

Significa enseñarles a no depender intelectualmente de ella.

Porque una República puede conservar durante mucho tiempo sus instituciones mientras se debilita la capacidad de sus ciudadanos para defenderlas.

Una democracia puede continuar celebrando elecciones mientras disminuye la autonomía con la que sus ciudadanos construyen sus decisiones.

Y una persona puede conservar formalmente todas sus libertades mientras otros comienzan silenciosamente a decidir qué información recibe, qué realidad observa y, finalmente, qué piensa.

Por eso la gran advertencia que podemos extraer de PISA 2025 no está solamente en sus rankings.

Está en algo mucho más profundo.

Sin educación no desaparece inmediatamente la democracia. Primero se debilita la autonomía del ciudadano que debe sostenerla.

Y de allí surge quizás la tarea republicana más importante de la educación contemporánea:

Defender la educación es defender la libertad de pensar.

Porque antes de la libertad de elegir está la capacidad de comprender.

Antes de la democracia está el ciudadano.

Y antes del ciudadano libre está, necesariamente, una mente capaz de pensar por sí misma.

LIBERTAS, por la Libertad, la Democracia y la República

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