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Uruguay · América · Mundo

Hay avances que merecen celebrarse, poderes que solo pueden justificarse si conservan límites y tecnologías cuya libertad de diseño empieza a chocar con la libertad de quienes las utilizan.

Uruguay presenta una mejora significativa en el egreso de la educación media pública. Bolivia prolonga un estado de excepción para enfrentar el riesgo de nuevos bloqueos. Y Europa propone cambiar las reglas con las que niños y adolescentes ingresan a redes sociales, videojuegos y sistemas de inteligencia artificial.

Tres escenarios diferentes que terminan planteando una misma cuestión: ser libre no consiste solamente en poder elegir. También exige disponer de las condiciones necesarias para que esa elección sea realmente nuestra.

🇺🇾 URUGUAY

MÁS JÓVENES TERMINAN EL LICEO. AHORA VIENE LA PREGUNTA MÁS DIFÍCIL: ¿QUÉ APRENDIERON?

El egreso de Educación Media Superior en los liceos públicos alcanzó el 68,6% y aumentó 7,8 puntos porcentuales respecto de 2024. Es una noticia importante. También permite elevar la exigencia de la discusión educativa: después de medir cuántos llegan al final, necesitamos saber con qué herramientas salen.

Uruguay recibió hoy un dato educativo que merece atención.

El 68,6% de los estudiantes que cursaron 3.º de Educación Media Superior en liceos públicos durante 2025 logró egresar, considerando la aprobación de todas las asignaturas hasta abril de 2026.

La cifra representa un crecimiento de 7,8 puntos porcentuales en apenas un año. Además, 7.º de Educación Media Básica y 3.º de Educación Media Superior registraron tasas de promoción de 91,9% y 89,9%, respectivamente. Los datos forman parte del Monitor Educativo Liceal presentado por la Dirección General de Educación Secundaria.

Monitor Educativo Liceal — ANEP

Es una buena noticia.

Y reconocerla no debería impedir formular la pregunta siguiente.

Durante muchos años, una parte central de la discusión educativa uruguaya estuvo concentrada en conseguir que los estudiantes permanecieran dentro del sistema y culminaran la educación obligatoria.

Era lógico.

Un joven que abandona tempranamente sus estudios enfrenta menores oportunidades educativas, laborales y sociales.

Si la mejora del egreso se consolida, Uruguay podrá empezar a desplazar una parte de esa conversación.

Ya no alcanzará con preguntar cuántos llegan.

Habrá que preguntarse cómo llegan y con qué capacidades salen.

Un título certifica que una trayectoria educativa fue completada. No demuestra por sí solo qué puede hacer una persona con aquello que aprendió.

¿Puede comprender un texto complejo?

¿Puede interpretar datos?

¿Puede construir un argumento y defenderlo con evidencia?

¿Puede reconocer cuándo una fuente es confiable?

¿Puede resolver un problema que nunca vio antes?

¿Puede utilizar una inteligencia artificial sin delegarle automáticamente su propio razonamiento?

Son preguntas educativas.

Pero también son preguntas democráticas.

Porque una República no necesita únicamente ciudadanos que hayan pasado por sus instituciones educativas. Necesita personas capaces de comprender el mundo sobre el cual deberán tomar decisiones.

Y la inteligencia artificial vuelve esa diferencia todavía más importante.

Durante mucho tiempo, una parte de la educación estuvo organizada alrededor de conseguir información, recordarla y reproducirla.

Hoy una máquina puede producir en segundos una explicación, resolver determinados problemas, redactar un ensayo o resumir un documento.

El valor educativo empieza entonces a desplazarse.

Ya no alcanza con obtener una respuesta. Importa comprenderla, cuestionarla y saber qué hacer con ella.

Por eso el crecimiento del egreso no debería cerrar una discusión.

Debería permitir abrir otra más exigente.

Primero necesitábamos conseguir que más jóvenes llegaran al final.

Ahora necesitamos asegurarnos de que llegar al final signifique algo.

LA PREGUNTA LIBERTAS

¿Qué debería ser capaz de comprender, crear, cuestionar y decidir autónomamente un joven uruguayo cuando termina su educación obligatoria?

🌎 AMÉRICA

LA EXCEPCIÓN PUEDE SER NECESARIA. EL PROBLEMA EMPIEZA CUANDO DEJA DE SER EXCEPCIONAL.

Bolivia prolongó durante otros 90 días su estado de excepción ante el riesgo de nuevos bloqueos. El desafío republicano no consiste solamente en recuperar el orden: consiste en hacerlo sin convertir los poderes extraordinarios en una nueva normalidad.

Bolivia enfrenta desde hace meses una situación difícil.

Los prolongados bloqueos de carreteras produjeron problemas de abastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos y agravaron las consecuencias de una crisis económica que ya golpeaba al país.

El gobierno del presidente Rodrigo Paz declaró en junio un estado de excepción.

Ahora pidió prolongarlo.

La Asamblea Legislativa aprobó el 17 de septiembre una extensión por otros 90 días, después de que el gobierno presentara informes policiales y militares que advertían sobre el riesgo de nuevas movilizaciones y bloqueos.

La medida también recibió cuestionamientos de legisladores opositores y sectores sociales, que discuten tanto su necesidad como su capacidad para resolver las causas de fondo de la conflictividad.

Reuters — Bolivia extiende el estado de excepción

El dilema no es sencillo.

Existe el derecho a protestar.

También existe el derecho de millones de personas a circular, trabajar, recibir medicamentos y acceder a alimentos.

Cuando ambos entran en conflicto, el Estado no puede limitarse a observar.

Tiene que actuar.

Precisamente por eso las democracias contemplan mecanismos extraordinarios para circunstancias extraordinarias.

El problema comienza después.

Un estado de excepción permite que el poder público disponga temporalmente de facultades que no tendría en condiciones normales.

Eso puede ser necesario.

Pero cada ampliación del poder estatal debería venir acompañada por una ampliación equivalente de las preguntas que le hacemos.

¿Qué facultades extraordinarias recibe?

¿Durante cuánto tiempo?

¿Quién controla cómo las utiliza?

¿Qué derechos pueden limitarse?

¿Qué recursos tiene el ciudadano frente a un abuso?

¿Y qué mecanismo garantiza que, terminada la emergencia, también terminen los poderes creados para enfrentarla?

Ahí aparece la diferencia entre autoridad y arbitrariedad.

Una República no se caracteriza porque el Estado sea débil.

Necesita un Estado capaz de hacer cumplir la ley y proteger los derechos de quienes no participan de un conflicto.

Pero la fortaleza institucional tampoco consiste en entregar poder ilimitado cuando aparece una crisis.

Consiste en conseguir algo bastante más difícil:

dar al Estado el poder que necesita sin permitir que conserve el poder que ya no necesita.

Bolivia tendrá que gestionar sus protestas.

Pero también tendrá que demostrar que sus instituciones pueden regresar plenamente a la normalidad cuando desaparezcan las circunstancias que justificaron la excepción.

Ese momento será tan importante como la decisión de decretarla.

LA PREGUNTA LIBERTAS

¿Cómo puede una democracia defender el orden sin debilitar, en nombre de ese mismo orden, las libertades que existe para proteger?

🌍 MUNDO

EUROPA QUIERE PROHIBIR EL “SCROLL INFINITO” A LOS NIÑOS. LA DISCUSIÓN ES MUCHO MÁS GRANDE QUE UNA PANTALLA.

El nuevo KIDS Act propone límites de edad para las redes sociales, restricciones al diseño adictivo y nuevas obligaciones para los chatbots de IA utilizados por menores. Europa empieza a discutir algo que durante años dejamos principalmente en manos de las plataformas: quién debe proteger la atención de un niño antes de que pueda protegerla por sí mismo.

La Comisión Europea presentó el 17 de septiembre una propuesta que puede modificar profundamente la relación entre menores y tecnología.

Se llama EU KIDS Act.

La propuesta impediría el acceso a redes sociales a menores de 13 años y establecería los 15 años como edad mínima para abrir autónomamente una cuenta. Entre ambas edades se contempla un acceso gradual y supervisado.

Pero la parte más interesante del proyecto probablemente no sea la edad.

Es el diseño.

La propuesta establece que los servicios utilizados por menores deberán ser seguros por diseño.

Eso incluye restricciones sobre mecanismos concebidos para prolongar el tiempo de utilización: scroll infinito sin puntos de interrupción, determinados sistemas de recompensa, notificaciones durante las horas de sueño y sistemas de recomendación capaces de conducir al menor hacia sucesiones de contenidos potencialmente perjudiciales.

También alcanza a la inteligencia artificial.

Los chatbots y denominados “compañeros de IA” accesibles a menores no podrán utilizar diseños que simulen relaciones humanas de una forma susceptible de generar dependencia emocional. Para los menores de 13 años, su utilización quedaría vinculada a herramientas de control parental; además, determinados chatbots integrados en plataformas o juegos no podrán activarse automáticamente.

Hay otro cambio particularmente importante.

La propuesta europea pretende invertir la carga de la prueba: para determinados grandes servicios, ya no debería ser únicamente el usuario quien demuestre que sufrió un daño. Los proveedores deberán demostrar que sus productos cumplen las exigencias de seguridad por diseño.

El KIDS Act todavía es una propuesta legislativa. Deberá atravesar el proceso institucional europeo y puede sufrir modificaciones antes de convertirse en norma.

Comisión Europea — propuesta oficial del EU KIDS Act

La discusión que abre es enorme.

Durante años funcionó una regla implícita de Internet.

Una empresa podía invertir millones en descubrir qué diseño conseguía mantener durante más tiempo a un niño frente a una pantalla.

Después correspondía a ese niño —o a su familia— conseguir apagarla.

La asimetría resulta evidente.

De un lado tenemos a una persona cuyo cerebro todavía está desarrollando capacidades de autocontrol.

Del otro, sistemas alimentados por cantidades enormes de datos, experimentación permanente y algoritmos optimizados para descubrir qué consigue que permanezcamos conectados.

¿Podemos llamar libre a esa elección simplemente porque existe un botón para cerrar la aplicación?

La inteligencia artificial lleva esa pregunta un paso más lejos.

Una red social necesita conseguir que permanezcamos mirando.

Un compañero de IA puede hablar con nosotros.

Puede adaptar su lenguaje.

Responder inmediatamente.

Recordar preferencias dentro de los límites que le permita el sistema.

Construir una interacción cada vez más personalizada.

En el caso de un niño, esa capacidad merece una atención especial.

No porque toda relación con una IA sea perjudicial. Existen aplicaciones educativas y de acompañamiento con enorme potencial.

El problema aparece cuando el modelo de negocio depende de convertir esa relación en una forma de permanencia.

Ahí entramos directamente en el terreno de la Libertad Cognitiva.

Porque proteger la libertad de un niño no consiste únicamente en impedir que alguien censure lo que puede mirar.

También puede significar impedir que alguien diseñe deliberadamente mecanismos destinados a explotar su atención, sus recompensas o su necesidad de vínculo antes de que disponga de las herramientas necesarias para defenderse.

La regulación tampoco está exenta de riesgos.

Los mecanismos de verificación de edad pueden generar problemas de privacidad. Una intervención excesiva del Estado puede afectar derechos legítimos. Y las familias deben conservar un papel central en la educación digital de sus hijos.

Por eso la discusión no debería reducirse a elegir entre libertad o protección.

La pregunta interesante es anterior:

¿qué condiciones necesita una persona para poder llegar a ser verdaderamente libre?

En el caso de un niño, quizá la respuesta incluya proteger durante algún tiempo el espacio en el que esa libertad todavía se está formando.

LA PREGUNTA LIBERTAS

¿Puede hablarse de una elección verdaderamente libre cuando un niño se enfrenta a sistemas diseñados específicamente para descubrir cómo conseguir que no deje de utilizarlos?

TRES MIRADAS. UNA MISMA PREGUNTA.

Uruguay consigue que más jóvenes culminen el liceo y puede empezar a preguntarse qué autonomía intelectual construyeron durante ese recorrido.

Bolivia intenta recuperar el orden mediante poderes extraordinarios y debe preservar los límites que impidan que la excepción se transforme en normalidad.

Europa empieza a cuestionar una idea que durante años pareció natural: que ofrecer una opción en una pantalla era suficiente para considerar libre la decisión de quien la utilizaba.

Son problemas diferentes.

Pero los tres conducen hacia una distinción fundamental.

Tener opciones no siempre significa tener libertad.

Necesitamos conocimiento suficiente para comprenderlas.

Instituciones capaces de garantizar que nadie pueda imponernos arbitrariamente una de ellas.

Y un entorno que no haya sido diseñado deliberadamente para manipular nuestra capacidad de elegir.

Por eso la libertad no comienza en el momento del clic.

Empieza mucho antes.

En la educación que recibimos.

En las instituciones que nos protegen.

En nuestra capacidad para comprender aquello que intenta influir sobre nosotros.

Y en la posibilidad de decir no cuando alguien —un gobierno, una empresa o un algoritmo— intenta decidir en nuestro lugar.

SER LIBRE NO ES SOLAMENTE PODER ELEGIR. ES TENER LAS CONDICIONES PARA QUE NUESTRA ELECCIÓN SEA REALMENTE NUESTRA.

LIBERTAS, por la Libertad, la Democracia y la República.

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