Artículo de EL PAIS de Madrid, versión AMÉRICAS de Carmen Morán Breñas: La izquierda abatida
Análisis desde LIBERTAS: libertad, democracia, república y agotamiento del relato progresista
El artículo plantea una idea central: la izquierda contemporánea ya no aparece solamente como una fuerza política en disputa con la derecha, sino como un espacio cultural cansado, fragmentado y moralmente sobrecargado. Lo que antes podía resumirse en defensa de los trabajadores, justicia social y bienestar común, hoy se ha convertido en una mochila de causas múltiples: ecologismo, feminismo, animalismo, identidades, consumo responsable, crítica al capitalismo, defensa de minorías, agenda climática y vigilancia ética de la vida cotidiana. Esa ampliación del campo de causas no es en sí misma ilegítima, pero ha generado un problema político: la izquierda parece haber pasado de representar esperanzas populares a administrar exigencias morales. El propio artículo habla de “desafección”, “desesperanza” y cansancio interno dentro del electorado progresista.
Desde una mirada LIBERTAS, el punto más relevante no es simplemente que la izquierda pierda votos, sino que pierde vínculo. Pierde conversación con sectores populares, rurales, jóvenes, trabajadores informales, clases medias vulnerables y ciudadanos que ya no se sienten interpelados por un discurso que muchas veces los corrige antes de escucharlos. Cuando la política se transforma en un tribunal moral permanente, deja de ser una casa común y se vuelve una aduana ideológica.
El artículo muestra con claridad esa fractura: sectores rurales que antes podían votar izquierda hoy se sienten tratados como sospechosos por su relación con la caza, la ganadería, la tierra o ciertas costumbres populares. Jóvenes precarizados, en lugar de sentirse convocados por una épica emancipadora, aparecen capturados por discursos de rabia, simplificación y rechazo al sistema. La ultraderecha, según el texto, no gana solamente por sus ideas: gana porque ofrece emoción, pertenencia y enemigo claro, mientras parte de la izquierda ofrece culpa, burocracia y corrección permanente.
La izquierda como cansancio moral
El gran drama de las izquierdas actuales no es únicamente electoral. Es espiritual, cultural y narrativo. Una parte importante del progresismo occidental parece haber sustituido la promesa de futuro por una pedagogía de la reprimenda. Ya no dice “vení, vamos a construir algo juntos”; muchas veces dice “estás equivocado, pensás mal, consumís mal, hablás mal, votás mal”.
Ese desplazamiento tiene consecuencias. Una democracia republicana necesita pluralismo, debate, límites al poder y reconocimiento del otro. Cuando una fuerza política cree poseer una superioridad moral automática, empieza a deteriorar la conversación democrática. Y cuando el ciudadano común siente que debe pedir permiso para opinar, termina refugiándose en espacios políticos más simples, más duros, más identitarios o más reactivos.
La paradoja es profunda: una izquierda que nació para representar al pueblo puede terminar desconfiando del pueblo real cuando ese pueblo no encaja en su modelo cultural ideal.
El problema de la acumulación de causas
El artículo señala que la izquierda carga demasiadas batallas al mismo tiempo. Esa acumulación produce dispersión. Una cosa es defender derechos; otra es convertir cada causa en una frontera moral absoluta. El resultado es una política de fatiga: fatiga climática, fatiga identitaria, fatiga regulatoria, fatiga fiscal, fatiga discursiva.
Desde LIBERTAS, el problema no está en defender el ambiente, la igualdad ante la ley, la dignidad de las mujeres, la inclusión o la justicia social. El problema aparece cuando esas causas se separan de la libertad, del sentido común, de la responsabilidad personal y de la democracia plural. Sin libertad, la justicia se vuelve imposición. Sin república, la igualdad se transforma en control. Sin democracia real, la causa justa puede degenerar en pedagogía autoritaria.
La izquierda abatida es, en buena medida, una izquierda que ya no logra ordenar sus prioridades. Quiere representar al trabajador, al joven, al migrante, al animal, al planeta, a la identidad, al territorio, al consumo, al lenguaje, al cuerpo y al futuro. Pero cuando todo es prioridad, nada organiza la esperanza.
La tecnología y el nuevo poder invisible
El artículo menciona un mundo atravesado por poderes económicos fuertes y monopolios tecnológicos. Allí hay un punto decisivo para LIBERTAS: la crisis de las izquierdas y de las democracias no puede comprenderse sin la dimensión algorítmica.
Las redes sociales han cambiado la forma de construir indignación, pertenencia y enemigo. La política ya no se organiza solamente en partidos, sindicatos o medios tradicionales. Hoy se organiza en plataformas que premian la emoción extrema, el enojo rápido, la humillación del adversario y la simplificación. En ese terreno, las izquierdas institucionales suelen quedar atrapadas: o se vuelven moralistas y cancelatorias, o pierden capacidad de disputar emocionalmente con movimientos más agresivos.
El nuevo poder no es solamente económico o estatal. Es algorítmico. Ordena lo visible, jerarquiza lo discutible, premia la rabia, fragmenta comunidades y convierte al ciudadano en usuario. La libertad democrática ya no se juega solamente en el Parlamento: se juega en la arquitectura invisible de la atención.

Uruguay y el gobierno de Yamandú Orsi
Uruguay ofrece un caso particularmente interesante porque el Frente Amplio volvió al gobierno en 2025 con Yamandú Orsi, luego de un ciclo de coalición republicana encabezado por Luis Lacalle Pou. Orsi asumió el 1.º de marzo de 2025 con una promesa de izquierda moderna, gradualista, sin “refundación” y con voluntad de equilibrar bienestar social, crecimiento económico e inversión. (Reuters)
Sin embargo, a poco más de un año de iniciado su mandato, las encuestas muestran una situación de deterioro claro. Factum registró en el primer bimestre de 2026 una aprobación de 37%, una desaprobación de 41% y un saldo levemente negativo. (Portal Factum) Luego, en mayo de 2026, Montevideo Portal informó una nueva medición de Factum con 29% de aprobación y 46% de desaprobación. (Montevideo) Equipos Consultores también mostró una caída: en marzo de 2026 Orsi tenía 33% de aprobación y 40% de desaprobación, y para fines de abril El País informó una foto más negativa: 27% aprueba y 48% desaprueba. (Equipos Consultores) (EL PAIS)
Estos números no son menores. Para un gobierno que llegó con expectativa de retorno, memoria frenteamplista y respaldo simbólico de José Mujica, una aprobación inferior al 30% o cercana a ese umbral marca una señal política severa. No implica necesariamente un colapso irreversible, pero sí revela que el gobierno perdió rápidamente capital inicial.
Las razones del desgaste
El problema de Orsi no parece ser únicamente económico, comunicacional o administrativo. Es un problema de expectativa. El Frente Amplio volvió prometiendo sensibilidad social, cercanía y respuestas concretas. Pero una parte de la ciudadanía percibe que el gobierno no logra transformar esa promesa en conducción clara.
En Uruguay, la izquierda enfrenta una tensión parecida a la descrita en el artículo sobre España: por un lado, conserva una identidad histórica fuerte; por otro, parece tener dificultades para hablarle al ciudadano concreto que exige seguridad, empleo, costo de vida, eficiencia estatal, educación y orden republicano. Si la izquierda habla demasiado de relato y poco de resultados, la opinión pública comienza a retirarle confianza.
Además, hay un dato especialmente delicado: algunas encuestas señalaron una caída dentro del propio electorado frenteamplista. Opción informó que la baja de aprobación se explicaba en buena medida por menor apoyo entre votantes del Frente Amplio, incluso señalando que era la primera vez que menos de la mitad de sus electores aprobaba la labor del gobierno. (Montevideo) Ese punto es central: cuando el desgaste proviene solo de la oposición, es polarización; cuando empieza dentro de la base propia, es desilusión.
Uruguay: la izquierda ante la prueba republicana
Desde LIBERTAS, el caso uruguayo debe analizarse sin fanatismos. Uruguay necesita gobiernos eficaces, no relatos épicos. Necesita libertad con orden, sensibilidad social con responsabilidad fiscal, justicia con instituciones, tecnología con humanidad, educación con exigencia y república con límites al poder.
El gobierno de Orsi enfrenta tres desafíos inmediatos:
Primero, recuperar autoridad política. No alcanza con ser moderado; hay que conducir. La moderación sin dirección se percibe como debilidad.
Segundo, demostrar resultados verificables. Seguridad, educación, empleo, infancia, vivienda y costo de vida no pueden quedar atrapados en diagnósticos eternos.
Tercero, evitar que la izquierda uruguaya caiga en el mismo agotamiento cultural descrito en el artículo: hablarle más a sus convencidos que al país real.
Uruguay no necesita una izquierda abatida ni una derecha vengativa. Necesita una democracia adulta. Una república donde el gobierno rinda cuentas, la oposición controle, la ciudadanía piense críticamente y ningún partido confunda ganar una elección con apropiarse del sentido moral de la nación.

Opinión de LIBERTAS
Las izquierdas abatidas muestran una advertencia mayor: cuando la política deja de escuchar, la sociedad busca otros lenguajes. Cuando la democracia se llena de sermones, crece la tentación del grito. Cuando la libertad se subordina a causas administradas desde arriba, la ciudadanía se aleja.
El caso uruguayo confirma que ningún gobierno vive de su pasado, de sus símbolos ni de sus mártires. Vive de su capacidad de responder al presente.
Y ese presente exige algo más que consignas: exige república, libertad, resultados, humildad democrática y una política capaz de volver a mirar al ciudadano no como un sujeto a corregir, sino como una persona libre a respetar.
